
Antigua es una bellísima isla rodeada por magníficas playas y bahías, siendo la mayor de su territorio cuenta con 280 Km2 y se dice que tiene la forma del test de Rorschach por su contorno irregular. Para el deleite de los turistas, les cuento que tienen una variadísima gama de 360 playas para elegir, entre las que podrán ver desde calitas flanqueadas por uveros, hasta playas de gran tamaño y esplendor.

La maleza aquí suele ser bastante grisácea y abarca molinos abandonados que le dan un tono más gris aún. Pero no todo es gris y los pueblitos de la isla ponen el punto de color al paisaje, haciendo un contraste perfecto entre el pueblo con la gente y los lugares más asolados de Antigua. A los lados de las carreteras podrán encontrar casitas de campo de madera pintada, chalés modernos con jardines bellos de flores, vacas y cabras pastando sobre el seco terreno y más hacia la costa las ruinas de las defensas británicas. Entre las más interesantes pueden visitar la de Shirley Heights, en el Nelson’s Dockyard National Park, con unas vistas impresionantes.

Su nombre se lo puso Colón en alución a una imágen de la Virgen exhibida en la catedral de Sevilla, su nombre original era Santa María de la Antigua. En tiempos remotos la producción de caña de azúcar tuvu un fuerte apogeo gracias a los ingleses que invirtieron para que esto sea posible, pero hoy en día la falta de agua dulce y la sequía que abunda hacen que esto sea imposible.
La mayoría de los habitantes viven en la ruidosa capital, St. John’s, que suele ser escala de cruceros y dueña de la noche de Antigua. Es mucho más bulliciosa que el resto de la isla, pero merece una visita que puede ser muy interesante si se toma más de un día para conocerla. Sino, le recomiendo que se exilie a las cientos de playas, todas con una propuesta distinta para hacerles.
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